Cuando algo cambia, la reacción más natural es querer hacer algo.
Buscar información. Probar ejercicios. Cambiar los paseos. Comprar una ayuda. Consultar. Ajustar.
El problema no es querer actuar.
El problema aparece cuando interpretamos demasiado rápido por qué se está moviendo peor y empezamos a hacer cosas basándonos únicamente en esa interpretación.
Porque dos perros que aparentemente hacen lo mismo pueden tener detrás problemas muy diferentes.
- Un perro puede levantarse con dificultad porque tiene dolor articular.
- Puede caminar peor porque ha perdido masa muscular.
- Puede arrastrar una pata por una alteración neurológica.
- Puede mostrar más inestabilidad porque se fatiga.
- Y puede tener varias de esas cosas al mismo tiempo.
Por eso este capítulo no pretende enseñarte a diagnosticar qué le ocurre a tu perro. Eso corresponde al veterinario y, cuando es necesario, a profesionales especializados en neurología, traumatología o rehabilitación.
Lo que sí podemos aprender como cuidadores es algo muy útil:
no interpretar automáticamente cualquier dificultad de movimiento como falta de fuerza.
Entender esa diferencia cambió mucho mi manera de acompañar a Cooper.
2.1.- Qué es la "Propiocepción" y por qué importa
La propiocepción es, explicado de la forma más sencilla posible, la capacidad que tiene el sistema nervioso de recibir información sobre la posición y el movimiento del cuerpo.
Cuando un perro camina, no necesita mirar cada una de sus patas para saber dónde están.
Su sistema nervioso recibe continuamente información sobre la posición de las extremidades y utiliza esa información, junto con otros sistemas implicados en el equilibrio y el movimiento, para ajustar la postura y la marcha.
Todo sucede de forma automática.
Por eso un perro puede caminar, girar, cambiar de superficie o recolocar una pata sin tener que pensar conscientemente en cada movimiento.
Cuando existen alteraciones en esas vías nerviosas, esas respuestas pueden volverse más lentas, imprecisas o anormales.
Una de las señales que puede aparecer es el knuckling: el perro apoya durante un momento el dorso de los dedos o de la pata en lugar de colocar correctamente las almohadillas sobre el suelo.
También podemos observar otras cosas:
- una pata que tarda más en recolocarse;
- apoyos extraños;
- cruces de las extremidades;
- mayor desorganización al girar;
- diferencias entre una pata y otra;
- pérdida de estabilidad;
- alteraciones que se hacen más evidentes cuando aparece la fatiga.
Pero hay algo importante:
ver una de estas señales no permite concluir por nuestra cuenta que el perro tiene un déficit propioceptivo ni cuál es su causa.
La valoración de la propiocepción forma parte de una exploración neurológica y debe interpretarse junto con la marcha, la fuerza, los reflejos, el dolor, el estado de las articulaciones y otros datos clínicos.
Lo que como cuidadores sí podemos aprender es que moverse peor no significa necesariamente tener simplemente menos fuerza.
Y esa idea es fundamental antes de empezar cualquier rutina.
2.2.- Fuerza y control del movimiento no son lo mismo
Cuando vemos que nuestro perro tiene más dificultad para levantarse, caminar o mantener el equilibrio, es muy fácil pensar:
Está perdiendo fuerza. Tiene que caminar más.
Es una conclusión comprensible.
Y en algunos perros la pérdida de masa muscular y de fuerza será, efectivamente, parte del problema.
Pero no siempre será la única.
La capacidad de moverse depende de muchas cosas: músculos, articulaciones, dolor, sistema nervioso, equilibrio, coordinación, resistencia física y capacidad para colocar correctamente las extremidades.
Por eso conviene separar dos conceptos, aunque en un mismo perro puedan aparecer juntos.
Cuando predomina la pérdida de fuerza
El perro puede saber organizar el movimiento, pero tener menos capacidad para generar o mantener el esfuerzo.
Puedes notar, por ejemplo:
- más dificultad para incorporarse;
- menor resistencia;
- pérdida visible de masa muscular;
- necesidad de parar antes;
- dificultad para mantener determinadas posiciones.
Cuando existe una alteración del control o de la propiocepción
Pueden aparecer problemas relacionados con la colocación y organización del movimiento:
- apoyos incorrectos;
- retraso en recolocar una pata;
- knuckling;
- cruces de extremidades;
- inestabilidad;
- movimientos poco precisos.
La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero cambia mucho la forma de interpretar lo que vemos.
Y lo más importante es entender que no tenemos que elegir necesariamente entre una cosa y otra.
Un perro senior puede tener dolor articular, pérdida de fuerza y un problema neurológico al mismo tiempo.
Cooper es un buen ejemplo.
Con él, durante mucho tiempo pensé especialmente en términos de fuerza y movilidad. Cuando empecé a comprender mejor el componente propioceptivo, dejé de preguntarme únicamente:
Ese cambio de pregunta fue importante.
Porque aumentar simplemente la cantidad de ejercicio no garantiza que el movimiento mejore.
- En algunos perros será necesario fortalecer.
- En otros habrá que trabajar también equilibrio, coordinación o propiocepción.
- En otros habrá que controlar primero el dolor.
- Y en muchos casos habrá que combinar varias cosas.
Eso es precisamente lo que debe determinar una valoración profesional.
Nuestro trabajo como cuidadores es proporcionar buena información y aplicar correctamente las pautas que correspondan a nuestro perro.
2.3.- Qué observar de verdad en el movimiento
En el capítulo anterior hemos hablado de detectar cambios generales.
Ahora quiero que afinemos un poco más la mirada.
No para diagnosticar.
Para aprender a describir mejor cómo se mueve tu perro y qué modifica ese movimiento.
Hay información antes, durante y después de la actividad.
Al levantarse
- ¿Se incorpora a la primera o necesita varios intentos?
- ¿Busca apoyo o desplaza mucho el peso hacia una parte del cuerpo?
- ¿Alguna extremidad parece responder peor durante los primeros pasos?
- ¿Los primeros metros son claramente más difíciles que los siguientes?
- ¿Cambia algo dependiendo del suelo desde el que intenta levantarse?
Durante el movimiento
- ¿Arrastra los dedos o alguna pata?
- ¿Apoya ocasionalmente sobre el dorso en lugar de sobre las almohadillas?
- ¿Hay una extremidad que coloca de forma diferente a las demás?
- ¿Se cruzan las patas o aparecen apoyos poco habituales?
- ¿Pierde estabilidad al girar?
- ¿Camina de forma diferente dependiendo de la superficie?
- ¿Hay diferencias claras entre casa y exterior?
- ¿El movimiento empeora conforme avanza el paseo?
- ¿Empieza relativamente bien y termina mucho más desorganizado?
- ¿Reduce espontáneamente la velocidad o intenta parar?
Después del esfuerzo
- ¿Cómo termina comparado con cómo empezó?
- ¿Necesita mucho tiempo para recuperarse?
- ¿Después descansa con normalidad?
- ¿Está claramente más rígido unas horas después?
- ¿Al día siguiente parece peor que antes de la actividad?
En reposo
- ¿Encuentra una postura cómoda con facilidad?
- ¿Cambia continuamente de posición?
- ¿Evita apoyarse sobre algún lado?
- ¿Hay zonas en las que reacciona de forma diferente cuando las tocas?
- ¿Parece más rígido después de haber estado tumbado?
No necesitas responder a todo cada día.
Ni convertir la convivencia con tu perro en una exploración permanente.
Lo que buscamos es aprender a identificar patrones.
Porque muchas veces la información más útil no es:
Hoy ha caminado peor.
Es:
Empieza bastante bien, pero a partir de diez minutos arrastra más la pata izquierda.
O:
En casa se levanta sin demasiada dificultad cuando está sobre la alfombra, pero sobre el suelo liso necesita varios intentos.
O:
Después de determinados días de más actividad, al día siguiente está mucho más rígido.
Eso es información mucho más útil.
Más adelante veremos cómo registrarla y valorar tendencias sin obsesionarnos con cada día por separado.
Por ahora basta con empezar a mirar así.
2.4.- Los 7 errores más comunes que podemos cometer
Cuando empiezas a notar que tu perro cambia, quieres ayudar.
Y precisamente por eso es fácil probar cosas que parecen totalmente lógicas.
Yo también lo hice con Cooper.
El problema es que, cuando no entendemos todavía qué está limitando realmente al perro, más intervención no significa necesariamente mejor intervención.
Estos son siete errores que merece la pena evitar.
Pensar automáticamente «le falta fuerza» y aumentar los paseos
Si un perro está más débil, el movimiento y el fortalecimiento pueden formar parte de su rehabilitación.
Pero eso no significa que la respuesta a cualquier deterioro sea simplemente caminar más.
Si durante el paseo aumenta el dolor, aparece fatiga o la calidad del movimiento empeora claramente, añadir distancia puede no aportar ningún beneficio.
Por eso, además de preguntar cuánto camina, observa cómo termina comparado con cómo empezó.
Con Cooper ese cambio fue fundamental. Dejé de valorar un paseo únicamente por los metros recorridos. Empecé a valorar también la calidad de esos metros.
| La cantidad no sustituye a la calidad.
Y cuando existe una patología, la dosis adecuada de ejercicio debería formar parte del plan individual del perro.
Normalizar una forma de caminar que está cambiando
El extremo contrario también existe.
Como es mayor y no queremos exigirle demasiado, podemos terminar aceptando determinados cambios pensando:
«Ya se las apaña.»
Pero si empieza a arrastrar una pata, hace knuckling, pierde estabilidad o cambia claramente su patrón de marcha, merece atención.
Eso no significa perseguirlo corrigiendo manualmente cada paso. Ni manipular una pata constantemente por nuestra cuenta.
Significa no normalizar un cambio funcional importante.
- Obsérvalo.
- Grábalo si puedes.
- Anota cuándo ocurre.
- Comprueba si aparece siempre o solo cuando se fatiga.
- Y compártelo con el veterinario o profesional de rehabilitación.
A veces un vídeo de treinta segundos caminando de frente, de lado y desde atrás aporta muchísima más información que intentar explicar en consulta que «anda un poco raro».
Asumir que todo es «por la edad»
Esta probablemente sea una de las frases que más escuchamos:
«Es mayor. Es normal.»
Sí, el envejecimiento produce cambios.
Un perro mayor no tendrá necesariamente la misma capacidad física que cuando tenía cuatro años.
Pero la edad no explica por sí sola cualquier cambio.
La dificultad para levantarse puede estar asociada a dolor.
Una pérdida de masa muscular puede tener diferentes causas.
Un cambio de comportamiento puede estar relacionado con malestar, enfermedad o deterioro cognitivo.
Una alteración de la marcha puede tener un componente ortopédico, neurológico o ambos.
Por eso la edad debe entenderse como contexto, no como diagnóstico.
Aceptar que nuestro perro envejece no significa dejar de investigar los cambios que afectan a su bienestar.
Cambiar demasiadas cosas a la vez
Cuando empiezas a buscar soluciones aparecen rápidamente veinte opciones.
- Más paseo.
- Menos paseo.
- Ejercicios.
- Masajes.
- Suplementos.
- Cambios en el suelo.
- Ayudas técnicas.
- Fisioterapia.
- Hidroterapia.
- Acupuntura.
Y como quieres ayudar, dan ganas de ponerlo todo en marcha.
Pero si introduces muchas modificaciones al mismo tiempo, ocurre algo muy sencillo:
| dejas de saber a qué está respondiendo tu perro.
Además, acumular actividad puede terminar generando más cansancio del que pretendíamos.
Siempre que la situación clínica lo permita, introducir los cambios con cierto orden facilita observar la respuesta.
La estructura y la constancia suelen aportar más información que ir saltando constantemente de una intervención a otra.
No diferenciar una superficie cómoda de una superficie adecuada para moverse
Aquí hay una distinción importante.
Para descansar, un perro senior necesita una cama cómoda, con buen soporte y adaptada a sus necesidades. Pero para levantarse, caminar o realizar un ejercicio, la prioridad puede ser diferente:
| estabilidad y agarre.
Un suelo resbaladizo puede dificultar muchísimo una tarea que el perro sería capaz de realizar sobre una superficie donde encuentra buena tracción.
Por eso en las zonas de movimiento solemos buscar superficies:
- estables;
- antideslizantes;
- suficientemente firmes para que pueda encontrar apoyo.
Eso no significa que todas las superficies blandas o inestables sean malas.
Algunas se utilizan precisamente en rehabilitación para determinados trabajos de equilibrio o propiocepción.
La diferencia está en que una herramienta terapéutica no es lo mismo que el suelo cotidiano de un perro con inestabilidad y debe utilizarse cuando sea adecuada para ese perro.
En el capítulo dedicado al entorno veremos esto con mucho más detalle.
Comparativa de cómo se levantan en un suelo deslizante ante uno con una superficie antideslizante
Esperar a que esté agotado para parar
Este error es especialmente fácil de cometer porque muchas veces el perro todavía quiere seguir.
Y nosotros pensamos:
«Si tiene ganas, puede continuar.»
Pero las ganas y la capacidad física no siempre avanzan al mismo ritmo.
En un perro con problemas de movilidad, la fatiga puede hacer que empeore la calidad del movimiento.
Puedes empezar a observar:
- más arrastre;
- más tropiezos;
- mayor inestabilidad;
- pasos más desorganizados;
- más dificultad para girar;
- necesidad de parar;
- una caída clara de la calidad respecto al inicio.
La referencia no debería ser únicamente:
¿Todavía puede caminar?
Sino también:
¿Sigue caminando con una calidad razonable para él?
Aprender a reconocer ese punto antes del agotamiento es una de las cosas más útiles que podemos hacer. Parar a tiempo no significa hacer menos por nuestro perro. Muchas veces significa haber entendido mejor su límite.
Mirar únicamente la pata donde vemos el problema
Cuando una pata arrastra, dobla o pisa mal, todos miramos la pata.
| Es inevitable.
Pero lo que vemos en una extremidad no siempre nos dice dónde está el origen del problema.
La marcha es el resultado del funcionamiento conjunto de muchas estructuras.
- Articulaciones.
- Músculos.
- Columna.
- Nervios.
- Equilibrio.
- Dolor.
- Distribución del peso.
- Compensaciones.
Por eso un cambio visible en una pata debe entenderse como una señal que hay que valorar dentro del conjunto del perro, no como una explicación en sí misma.
Esto es especialmente importante porque los perros compensan muchísimo. Cuando una zona funciona peor, otras empiezan a asumir más trabajo.
Y a veces aquello que más llama nuestra atención no es el problema inicial, sino una consecuencia de cómo el perro está intentando seguir moviéndose.
Lo que tienen en común estos siete errores
Prácticamente todos nacen del mismo sitio:
| querer ayudar demasiado rápido.
- Queremos encontrar la causa.
- Queremos hacer el ejercicio correcto.
- Queremos recuperar lo perdido.
- Queremos que mañana esté mejor que hoy.
Pero acompañar a un perro senior requiere muchas veces algo menos espectacular:
- observar, consultar, probar con criterio, valorar la respuesta y ajustar.
- No necesitas saber diagnosticar.
- No necesitas convertirte en fisioterapeuta.
Necesitas conocer bien a tu perro y aprender a aportar información útil a los profesionales que lo acompañan.
2.5.- Algo más que cambia con el tiempo: el estado general
Hasta ahora hemos hablado mucho de movimiento. Pero un perro senior es mucho más que sus patas.
De hecho, algunos cambios importantes aparecen antes en el descanso, el comportamiento o las actividades cotidianas que en una cojera evidente.
El dolor no siempre es fácil de reconocer
No todos los perros manifiestan el dolor de una forma evidente. No hace falta que lloren o se quejen.
A veces los cambios son mucho más sutiles:
- evita determinadas posturas;
- cambia su lugar habitual de descanso;
- tarda más en tumbarse o levantarse;
- reacciona de forma diferente cuando tocas una zona;
- deja de querer realizar determinados movimientos;
- reduce actividades que antes hacía espontáneamente;
- está más irritable;
- parece menos interesado en algunas cosas.
Ninguna de estas señales confirma por sí sola que exista dolor. Pero un cambio persistente merece atención.
Los cambios en el descanso
Un perro puede dormir muchas horas y, sin embargo, descansar peor.
Fíjate si:
- cambia constantemente de postura;
- se levanta repetidamente;
- parece no encontrar una posición cómoda;
- modifica mucho sus horarios;
- empieza a deambular durante la noche;
- duerme en lugares diferentes de los habituales.
Algunos cambios pueden estar relacionados con molestias físicas.
Otros pueden tener que ver con alteraciones cognitivas o con otras enfermedades.
Lo importante vuelve a ser la comparación con su normalidad anterior.
La pérdida de interés
También tendemos a interpretar algunos cambios como:
«Se ha hecho mayor y está más tranquilo.»
Y puede ser simplemente eso.
Pero si deja de interesarse por actividades que antes disfrutaba, pierde curiosidad, interactúa menos o cambia de forma marcada su comportamiento habitual, merece la pena observarlo.
Porque calidad de vida no significa únicamente poder caminar. También significa:
- Querer participar.
- Comer con interés.
- Descansar.
- Relacionarse.
- Explorar.
- Disfrutar de aquellas cosas que siguen siendo importantes para ese perro.
Mirar al perro completo
Si tuviera que resumir todo este capítulo en una sola idea sería esta:
| No intentes explicar un cambio mirando únicamente aquello que se ve a simple vista.
- Un perro que camina peor no es necesariamente un perro que simplemente necesita más fuerza.
- Una pata que se coloca mal no nos dice por sí sola dónde está el problema.
- Un perro que está más quieto no está necesariamente «solo haciéndose mayor».
| Observa el conjunto.
- Qué hace.
- Cómo lo hace.
- Cuándo empeora.
- Qué cosas siguen intactas.
- Qué cosas han cambiado.
Y cuando algo no encaja, aporta esa información al profesional que pueda valorar qué está ocurriendo.
En el siguiente capítulo vamos a pasar de observar a actuar. Pero con una diferencia importante respecto a empezar directamente por los ejercicios:
Ahora ya sabemos que una rutina no debería consistir simplemente en hacer más movimiento. Tiene que tener un objetivo, una dosis y una razón para estar ahí.