Hay un momento que muchos cuidadores de perros senior recuerdan con bastante precisión.
No es necesariamente un diagnóstico ni una visita al veterinario. A veces es algo mucho más cotidiano y mucho más difícil de nombrar.
Es la primera vez que lo miras y piensas:
Quizá fue cómo se levantó esa mañana. O cómo dudó antes de subir al coche. O cómo se quedó parado en mitad del paseo sin una razón aparente.
Una cosa pequeña.
Una cosa que, por sí sola, podría no significar nada.
Y ahí empieza el bucle:
¿Estoy exagerando? ¿Será simplemente la edad? ¿Debería consultar? ¿O estoy prestando demasiada atención a algo que antes ni habría notado?
Con Cooper ocurrió así.
No hubo un día concreto en el que todo cambiara de golpe. Fueron apareciendo pequeñas señales que, al principio, podía justificar por separado: un día de más cansancio, una mañana en la que le costaba un poco más arrancar, una forma extraña de pisar que quizá tenía que ver con el suelo.
Cada cosa tenía una explicación posible.
Hasta que dejaron de ser cosas aisladas.
No había una gran señal que lo explicara todo. Había demasiadas cosas pequeñas empezando a aparecer juntas.
Y una de las cosas que he aprendido durante este proceso es que, cuando convives cada día con tu perro, puedes tardar en darte cuenta de hasta qué punto algunas cosas han ido cambiando.
Y aquí está la trampa en la que todos caemos:
- Porque tú también te adaptas.
- Empiezas a ayudarle a subir sin pensarlo.
- Acortas un paseo porque parece cansado.
- Dejas de ir a determinados sitios porque ahora le cuestan más.
- Colocas una alfombra donde antes no hacía falta.
- Le das más tiempo para levantarse.
- Cambias pequeñas rutinas sin haber decidido conscientemente cambiarlas.
Y un día te das cuenta de que lleváis meses haciendo algunas cosas de otra manera y no sabes exactamente cuándo empezó.
Ahí está una de las dificultades del envejecimiento: muchos cambios no llegan de golpe. Se van incorporando poco a poco a vuestra normalidad.
Significa aprender a distinguir entre un hecho aislado y una tendencia.
1.1.- Lo que nadie te dice sobre los cambios en un perro senior
Los cambios en un perro mayor raramente llegan con una etiqueta que te diga qué está pasando.
No hay una mañana en la que se levante siendo, de repente, «un perro senior con problemas de movilidad».
Lo que suele haber son matices.
Y, vistos uno a uno, casi siempre encontramos una explicación razonable.
- Hoy está más lento, pero ayer hizo mucho.
- Le cuesta levantarse, pero acaba de despertarse.
- Pisa raro, pero quizá es por la superficie.
- Está más despistado, pero había mucho ruido.
- Hoy no quiere caminar tanto, pero también puede estar cansado.
Y algunas veces esas explicaciones serán correctas.
Un perro senior también puede tener un mal día, estar cansado o levantarse más rígido sin que eso signifique necesariamente que algo importante esté empeorando.
La cuestión cambia cuando empezamos a ver «repetición».
- Cuando aquello que parecía puntual vuelve a ocurrir.
- Cuando se suma a otra pequeña dificultad.
- Cuando algo que antes hacía con normalidad empieza a costarle de manera habitual.
- O cuando somos nosotros quienes, casi sin darnos cuenta, empezamos a modificar su vida para compensarlo.
Por eso observar no significa vivir pendiente de cada movimiento ni convertir cualquier cambio en un problema.
Significa aprender a distinguir entre un hecho aislado y una tendencia.
Y esa diferencia va a ser importante durante todo este recurso.
1.2.- Las señales que vale la pena vigilar.
No todas las señales hablan de lo mismo.
Algunas pueden aparecer en la movilidad. Otras en el comportamiento, el descanso o el estado general. Algunas pueden estar relacionadas con dolor o malestar. Y muchas veces diferentes cambios aparecen al mismo tiempo.
Ninguna de las siguientes señales, vista de forma aislada, permite saber qué le ocurre a un perro.
Pero sí son cambios que merece la pena observar cuando aparecen respecto a lo que era habitual en él.
A veces, los cambios no se anuncian. Se muestran en pequeños detalles.
En la movilidad
☐ Empieza a caminar de forma diferente, más torpe o más rígida.
☐ Le cuesta levantarse, especialmente por las mañanas o después de un descanso largo.
☐ Pisa de una forma distinta a la habitual, arrastra los dedos o dobla alguna pata al caminar.
☐ Ya no sube o baja escaleras con la misma facilidad.
☐ Duda antes de saltar, subir al coche, al sofá o realizar movimientos que antes hacía sin pensarlo.
☐ Pierde el equilibrio o tropieza más que antes.
☐ Necesita más tiempo para «arrancar» al comenzar a caminar.
☐ Hay días claramente mejores y otros claramente peores.
☐ Los paseos que antes hacía con normalidad empiezan a resultarle demasiado largos.
En el comportamiento y el estado general
☐ Está más despistado o parece desorientado en determinados momentos.
☐ Duerme más, pero tienes la sensación de que descansa peor.
☐ Cambia de postura muchas veces o parece tener dificultades para acomodarse.
☐ Ha perdido interés en cosas que antes le motivaban.
☐ Reacciona de forma diferente ante situaciones o estímulos habituales.
☐ Está más irritable o, por el contrario, más apagado.
☐ Come menos sin una razón evidente.
☐ Come aparentemente igual pero está perdiendo peso.
En lo que tú empiezas a percibir
Hay cambios que son más difíciles de convertir en una casilla, pero que también aportan información.
☐ Tienes la sensación de que «algo no es como antes», aunque todavía no sepas explicar exactamente qué.
☐ Te has sorprendido modificando alguna rutina para ayudarle sin habértelo propuesto.
☐ Lleváis semanas sin hacer algo que antes formaba parte de vuestra vida habitual.
☐ Necesita ayuda para cosas que hace unos meses resolvía solo.
☐ Has empezado a anticiparte a situaciones que sabes que ahora le cuestan.
No se trata de marcar casillas y sacar conclusiones.
Se trata de construir una imagen.
Una señal aislada puede significar poco. Varias señales que se repiten o evolucionan empiezan a contar una historia diferente.
Si reconoces algunas de ellas, el siguiente paso no es entrar en pánico.
Es observar mejor.
Durante el resto del recurso aprenderemos a hacerlo de una forma mucho más estructurada: qué mirar, cómo adaptar el movimiento, cómo valorar el entorno y cómo registrar cambios sin depender únicamente de la sensación de un día concreto.
1.3.- Por qué detectar pronto cambia tanto las cosas
Hay una idea que quiero dejar clara desde el principio:
Prestar atención pronto no es dramatizar.
Tampoco significa intervenir por nuestra cuenta ante cualquier pequeño cambio.
Significa no esperar necesariamente a que una dificultad sea muy evidente para empezar a observarla, registrarla o comentarla con el profesional correspondiente.
Porque hay una diferencia enorme entre poder decir:
Y poder explicar:
«Desde hace tres semanas tarda más en levantarse después de descansar, ha dejado de subir al sofá y en los últimos días arrastra ocasionalmente una pata al final del paseo.»
En ambos casos estás hablando del mismo perro.
Pero la información que puedes aportar es completamente diferente.
Y eso es algo que los cuidadores sí podemos hacer.
- No diagnosticar.
- No decidir por nuestra cuenta qué enfermedad tiene.
- No sustituir una exploración veterinaria.
Pero sí conocer muy bien la normalidad de nuestro perro y detectar cuándo esa normalidad empieza a cambiar.
Con Cooper aprendí también que el objetivo no puede ser convertir de nuevo a un perro senior en el perro que era años atrás.
Perseguir eso genera frustración y nos hace medir el presente con una referencia que ya no corresponde.
El objetivo es otro.
- Que pueda moverse de la forma más segura posible dentro de sus capacidades.
- Que conserve autonomía todo el tiempo que sea posible.
- Que sigamos adaptando su entorno y sus rutinas cuando lo necesite.
- Y, sobre todo, que no confundamos envejecimiento con dejar de hacer cosas por él.
Porque adaptar no significa negar que está envejeciendo.
Significa acompañar ese envejecimiento con más información y mejores decisiones.
A partir de aquí vamos a empezar a mirar con más detalle qué puede haber detrás de algunos de esos cambios.
Y para eso hay una diferencia que necesitamos entender antes de empezar cualquier rutina: no siempre un perro que se mueve peor necesita simplemente ganar fuerza.
A veces el problema está en cómo controla y organiza ese movimiento.
Eso es lo que vamos a ver en el siguiente capítulo.
Importante: Este recurso no sustituye una valoración veterinarioa ni fisioterapéutica. Si observas dolor, un empeoramiento claro, una pérdida repentina de movilidad, una lesión o cualquier cambio que te preocupe, consulta con tu veterinario. El objetivo de este recursos es ayudarte a observar y acompañar mejor el día a día de tu perro, no diagnosticar ni sustituir un tratamiento profesional.